En Julia, su quinto álbum de estudio —disponible el 13 de febrero vía One Little Independent Records—, el cantautor islandés Ásgeir se adentra en un territorio emocional inexplorado: el de escribir sus propias letras. Después de una carrera marcada por colaboraciones con John Grant y la poesía de su padre, Einar Georg Einarsson, el músico ha decidido enfrentarse al silencio sin traductores ni intermediarios. El resultado es un retrato íntimo de la pérdida y la reconciliación; un álbum que respira nostalgia, vulnerabilidad y una sensación de redescubrimiento interior.
El primer adelanto, “Smoke”, captura el espíritu del disco: minimalista, casi confesional. Grabada en vivo con un cuarteto y adornada después con un órgano tenue, la canción flota entre el folk y la atmósfera etérea. “Sentí que había perdido mi voz interior”, confiesa Ásgeir. “Era como una presencia maternal que me guiaba, y al ignorarla, se desvaneció”. En Julia, esa voz regresa, pero lo hace desde un lugar nuevo: uno en el que el dolor se vuelve aprendizaje.
La producción, a cargo de Guðmundur ‘Kiddi’ Kristinn Jónsson, su colaborador habitual, evita los adornos excesivos. El disco privilegia la claridad y la sencillez, permitiendo que la voz —tanto literal como metafórica— de Ásgeir se despliegue sin filtro. El violonchelo de Nathaniel Smith añade una capa cinematográfica, transformando el folk islandés en un paisaje emocional donde cada nota parece suspendida en el aire.
Durante los últimos dos años, Ásgeir escribió y grabó Julia entre giras por Europa y presentaciones íntimas en pequeñas iglesias. Ese contacto directo con el público redefinió su forma de entender la música: menos como espectáculo, más como acto de comunión. El resultado es un álbum que se siente como un suspiro colectivo, una meditación sobre el arrepentimiento, la esperanza y la redención.
Musicalmente, Julia se nutre del legado de Leonard Cohen, Nick Drake y Daniel Lanois, pero también de artistas contemporáneos como Adrianne Lenker y Saya Gray. La sensibilidad folk permanece, pero ahora acompañada de una calidez humana que atraviesa cada verso.
Desde su histórico debut Dýrð í dauðaþögn —el disco más vendido en la historia de Islandia— hasta su reconocimiento en medios como MOJO, NME y The Line of Best Fit, Ásgeir ha cultivado una carrera donde la belleza y la melancolía van de la mano. Sin embargo, en Julia hay algo distinto: una honestidad que no busca complacer, sino comprender.
Julia no es solo un regreso: es una conversación con el pasado y una carta abierta al futuro. Un disco que se atreve a mirar la herida sin dramatismo, a transformar el arrepentimiento en melodía, y a recordar que incluso el silencio puede tener forma de canción.