Desde Valparaíso, Catalina Almendra debuta con Transparente, un LP que convierte el paso del tiempo en materia sonora. Un disco que se siente como abrir un álbum fotográfico heredado: íntimo, lleno de detalles, honesto en su vulnerabilidad. Entre cuerdas cálidas, capas vocales cuidadas y destellos de un pop-rock apenas insinuado, la compositora construye un lenguaje donde la nostalgia no es un refugio, sino una forma de reconocerse. Masterizado por Arturo Zegers, el álbum es también un gesto generacional: mirar atrás con ternura para avanzar con claridad.
“Transparente” es, en palabras de Almendra, “un álbum de fotos hecho canciones”. Y en esas nueve piezas hay una cronología emocional que cruza la niñez, el amor, la inseguridad y las raíces que nunca dejamos del todo. Folk contemporáneo, dream-folk y sensibilidad latina dialogan para capturar instantes que se sienten universales; pequeños destellos que revelan quién fue la artista y quién está aprendiendo a ser ahora.
Financiado por el Fondo para el Fomento de la Música Nacional (Convocatoria 2024), el disco reúne una serie de gestos mínimos —charangos, arreglos de cuerdas, voces que se superponen como recuerdos— que construyen una atmósfera orgánica. Hay picos emocionales en canciones como “Ecos” y exploraciones más experimentales en piezas como “Susurrando (mi conflicto personal)”, la única del álbum nacida directamente desde Ableton, un portal a una Catalina que se permite salir del formato acústico sin perder su raíz cantautoral.
Los adelantos “Camino del Mar” y “No canté otra vez” ya insinuaban lo que aquí se confirma: un proyecto introspectivo que no teme a la fragilidad. “Fue un proceso de conocerme”, cuenta la artista. Y ese gesto —ver a otros encontrarse en sus letras— define la esencia del álbum: canciones que funcionan como espejos donde cualquiera puede reconocer sus propios temores, dudas y afectos.
Con la producción de Carlos Peñaloza, Transparente es un viaje hacia adentro y hacia adelante. Un trabajo que marca el inicio de una voz que ya se siente luminosa dentro del nuevo folk chileno: una compositora que canta como quien sostiene su propia historia con cuidado, conscientes de que, al final, el tiempo también puede ser un lugar para quedarse.