Por: Iván Pacheco.
La noche del sábado 22 de noviembre se convirtió en una de las noches más eufóricas e interesantes en la región del bajío, ¿los responsables? The Osees. Los adjetivos sobran puesto que se convierte en algo inefable narrar lo ocurrido en el Salón Salvaje de la Cervecería Hércules en Querétaro.
Antes de que la música desquiciada a cargo de John Dwyer iniciara, el dúo de Hermosillo, Sgt. Papers, se encargó de darnos un adelanto del caos total que se avecinaba apoyándose en su garage rock distintivo, con sus primeras canciones se encontraron con un público tímido o a la expectativa de lo que pasara, pero no tardaron mucho en encender la mecha cuando tocaron una de sus canciones más escuchadas, “Échale campeón”. En seguida comenzaron las primeras personas a trazar el mosh pit que, de ahí en adelante, canción tras canción, iría creciendo. Otros temas que hicieron cantar a parte del público a todo pulmón fueron: Ya levántate, Se siente bien, Muérete de envidia y por supuesto, No fui yo.
Cuando Sgt. Papers bajó del escenario, algunas personas ya se notaban cansadas por el frenesí, pero eso no hizo que disminuyera la emoción por ver subir a The Osees, todo lo contrario. Algunos aprovecharon para agarrar aire y otros tantos fueron por una de las deliciosas cervezas que la Cervecería Hércules tenía para acompañar a tan memorable y resonante noche.
Apenas la banda californiana liderada por John Dwyer puso un pie en el escenario, los gritos y excitación del público no se hicieron esperar. “We are The Osees from Los Angeles. Thank you very much for having us here in Ciudad de México, we love México. Here we go.” Fueron las palabras con las que Dwyer abrió el show, e inmediatamente después de los primeros riffs y de las poderosas percusiones de Paul Quattrone y Dan Rincon, el público estalló sin hacerse esperar, y su tema I come from the mountain convirtió la pista en un mar caótico en el que llovieron puños, cerveza, vasos y seguramente algunos objetos perdidos como zapatos o lentes. La canción terminó, la excitación NO disminuyó y sin dar espacio para tomar un respiro, tocaron su segundo tema con el mismo ímpetu.
Cada canción se sentía como una fuerte ola en la que debías tener la suficiente condición física y la agilidad para lidiar con ella, o corrías el riesgo de ser tragado. Había quien se alejaba del mar turbulento y se posicionaba en un lugar más seguro para sobrellevar la agitación, pero la música estrepitosa de Osees arrastraba a las personas nuevamente al oleaje intenso.
Con las dos baterías tocando al unísono, tan perfectamente sincronizadas como si de Shinji y Azuka se tratara, la cervecería se volvió una caja de resonancia salvaje durante 2 horas. Nos dieron un recorrido aleatorio que va desde su etapa más garagera y punk, cruzando por la psicodelia y tocando algunos de sus temas con influencias del metal. Entre las primeras 5 canciones sonó The Dream, constatando el estado energético de la banda y su intención de no ceder tiempo para la calma. Con Toe Cutter – Thumb Buster el público saltó de forma similar a una barra brava argentina. A Foul Form, Nite Expo y Tunnel Time fueron algunas otras de las canciones de su extenso setlist, que, una tras otra, confirmaron por qué este fue uno de los mejores conciertos del año.
Entre sudor, cerveza y sonrisas incrédulas, la multitud salió sabiendo que había presenciado algo irrepetible. The Osees no decepcionan: arrasan, estremecen y convierten cualquier noche en una fiesta inolvidable.



