El artista noruego Sturle Dagsland acaba de soltar su nuevo sencillo “Whispering Forest, Echoing Mountains”, y la historia detrás es tan mágica que parece sacada de un cuento indie-folk con glitch.

Todo comenzó en una caminata nocturna por los hutongs de Beijing, donde él y su hermano terminaron invitados a la casa de un anciano casi ciego. Entre aromas de cena casera y paredes llenas de historias, apareció un guzheng polvoriento —un arpa tradicional china— que el anciano hizo sonar mientras contaba un acertijo sobre montañas noruegas y criaturas mágicas. Lo que siguió fue una improvisación colectiva que terminó de madrugada, con música flotando como si hubiera salido del bosque mismo.

Años después, Sturle encontró esas grabaciones y las llevó a la cabaña familiar en las montañas para convertirlas en esta canción. El resultado es un viaje sonoro que combina su costado melancólico con un toque lúdico y salvaje, como si estuvieras columpiándote de cabeza en un árbol mientras ardillas y jilgueros te hacen coro.

Vocalmente, despliega un estilo inspirado en el folk noruego de montaña, ese canto que evoca cuidar cabras y escuchar eco entre picos nevados. También recuerda a los personajes animales de los cuentos nórdicos, esos que cantan mientras recorren senderos encantados.

En pocas palabras: “Whispering Forest, Echoing Mountains” no es solo una canción, es un portal sonoro a un lugar donde China y Noruega se abrazan bajo la luna, y donde la música nace de encuentros improbables.