A una semana de haber presenciado el regreso de Sterolab a México, el sonido inmersivo y sensorial del grupo británico sigue resonando en las mentes y corazones de su público, —compuesto tanto por jóvenes como por veteranos —, fue el foro Indie Rocks el encargado de albergar a esta multitud que iba ya predispuesta a sumergirse en capas de sintetizadores y ritmos motorik. La banda, liderada por Laetitia Sadier y Tim Gane, ofreció un set de hora y media donde el krautrock, el lounge pop y las texturas analógicas se entrelazaron en un sonido que sigue siendo inconfundible incluso décadas después de su debut.

Los talentos locales invitados para abrir el show fueron Progreso Nacional vs Sebastián Rojas, quienes hicieron un buen trabajo calentando el campo con sonidos electrónicos y experimentales que se acercan al synthpop, contrastando con un saxofón que fungía como destellos emocionales, creando una atmosfera envolvente para así abrirle paso a Stereolab.
En punto de las 9 de la noche del miércoles 12, Stereolab abrió su show con Aerial Troubles, presentando así su más reciente álbum titulado Instantholograms on metal film, del cual tocaron otros temas como Transmuted matter, Melodie is a wound oElectrified teenybop!, intercalando con temas clásicos como Peng! 33, Miss modular y Percolator.

Melodie is a wound fue la encargada de romper con el estado etéreo en que se encontraban todos, y logró que parte del público pasara de bailar tranquilamente mirando sus zapatos a crear un mosh pit, tal vez inesperado pero necesario para lidiar con todo el laboratorio de sonidos que el grupo ofrecía.
Realmente no importaba si la banda tocaba las nuevas o las “viejitas”, el público se mantuvo receptivo en todo momento entre ritmos y letras que invitaban a pensar, bailar y flotar, tanto así que no había ni tiempo de ir por una chelita. Fue así como crearon una experiencia que vibraba entre lo cerebral y lo emocional logrando expandir el tiempo y el espacio. En el ambiente se sentía un estado de ánimo eufórico, y como prueba de ello, fueron los gritos, chiflidos y aplausos al término de cada canción, o también, los rostros de cada integrante de la banda que mostraban una alegría y felicidad sincera. Los ojos y sonrisa tímida de Laetitia lo decían todo, el show resultó en todo un éxito y el cariño entre la banda y el público fue mutuo.

Y finalmente, como parte del “encore”, tocaron otra de sus nuevas canciones titulada Inmortal hands, que si bien, bajó un poco las revoluciones, no lo hizo negativamente, sino que sirvió para contemplar aún más la diversidad de sonidos que la banda podía ofrecer y al mismo tiempo para abrirle paso a la última canción de la noche, la ya clásica Cybele’s Reverie,con la que tuvieron un cierre satisfactorio y melancólico.

Por Iván Pacheco