Después de cinco años de composición, pausa, búsqueda y reconstrucción, Vino el Viernes presenta Claroscuro: un debut que captura el pulso emocional de una banda que ha aprendido a habitar la luz desde la sombra. Diez canciones que nacieron entre la incertidumbre de la pandemia y la necesidad de encontrar sentido cuando el mundo cambió de golpe.

Claroscuro es un disco que no teme nombrar la desolación ni la desesperanza; al contrario, las convierte en materia prima para un rock en español que mira hacia dentro. Las canciones funcionan como un espejo emocional de aquello que se fracturó, pero también como una brújula para volver a reunir las piezas.

Lo que el disco abre: una herida, una pregunta

El álbum inicia con la propia “Claroscuro”, una balada acústica que se despliega lentamente hasta convertirse en una pieza de rock llena de impulso. Hay folclor, hay nostalgia, hay una tensión que se estira entre lo íntimo y lo catártico. La letra apunta a una inquietud universal: ¿qué hace que una vida se sienta plena? ¿Y por qué a veces nunca llega la respuesta?

El rock es la columna vertebral de Vino el Viernes, un territorio donde confluyen las influencias de sus integrantes y la narrativa que acompaña cada lanzamiento. Cada tema llega con un video que amplifica su historia: memorias, heridas, amistades, despedidas y todas esas escenas que han marcado a la banda en lo personal y en lo colectivo.

Formada en 2014 por Jesús Zamora, Sergio Chávez y Yael Morales, Vino el Viernes nació con el impulso de convertir emociones en canciones. Su primer EP, Fama (2015), les abrió paso en la escena independiente de la Ciudad de México —incluyendo una gira inusual y entrañable por el Metro.

Le siguió Sin lugar para huir (2017), y después una etapa de silencio creativo que desembocó en A la Espera (2020), sencillo que delineó la estética sonora que hoy distingue a la banda.

Este álbum, más que un cierre, es un punto de partida. La confirmación de que el rock en español sigue vivo cuando se escribe desde lo humano.