La banda chilena Del Jardín lanza “Veneno”, un single que se sumerge en atmósferas envolventes de rock alternativo impregnadas de psicodelia y aura mística. Forma parte de su álbum Ilusiones de Sueños Olvidados, publicado el 19 de abril de 2024, donde “Veneno” se presenta como el segundo adelanto formal del disco.
La semilla de este track germinó en medio de un ritual chamánico en las montañas de San Pedro de Atacama. El cantante y guitarrista Vicente Sáez describe el proceso:
“Veneno hace alusión a la sustancia ingerida durante ese rito, un ‘veneno’ que abrió puertas a visiones, revelaciones y conexiones con lo sobrenatural. Es una reflexión sobre la transformación interior, el vértigo de enfrentarse a lo desconocido y el poder de lo invisible”.
El single nació con la misma espontaneidad y rapidez que marcó su inspiración: en apenas cuatro horas Vicente compuso letra y melodía en su totalidad. La grabación fue un viaje a distancia: batería a cargo de Alberto Atalah, registrada en Alemania; bajo y voces en Animal de Radio; sintetizadores y teclados desde Estudio Baleares. Luego, la mezcla y master estuvieron en manos de Howard Huambachano.
Del Jardín se adentra en un territorio donde la densidad sonora y la intensidad de paisajes desérticos se funden. Lo estructural cede ante lo sensorial:
“El proceso fue muy intuitivo, guiado más por sensaciones que por estructuras tradicionales”, explica Sáez.
La banda —compuesta por Vicente Sáez (voz, guitarra), Roberto Baro (guitarra líder), Mauro Macaya (bajo) y Camilo Aguilera (batería)— combina ese espíritu libre con matices melódicos y texturas expansivas, evocando el aire seco y sideral del norte chileno.
“Veneno” no es solo una canción: es una cápsula para cruzar dimensiones. Su energía radica en esa fina línea entre el vértigo y la revelación, entre el cuerpo y lo intangible. Como una visión recibida en la madrugada, se deja sentir más allá de la razón, más allá del tiempo.
Ya disponible en todas las plataformas digitales, escuchar “Veneno” es abrir una rendija a lo invisible, dejar que el desierto cante a través de los poros.